martes, 21 de abril de 2015

VISITA A MADRID

El pasado sábado, día 18 de Abril, algunos miembros de nuestra Junta de Gobierno, capitaneados por nuestra Delegada en Jaén y Consiliaria, la Hermana Marisol y el Hermano Mayor, Eduardo de Miguel; nos desplazamos a Madrid, para comprobar de primera mano la evolución de nuestras futuras Imagenes Titulares. 

Grata y fructífera fué nuestra visita, y no solo, por que éstas, se encuentran en un estado muy avanzado, estando cada vez más próxima su conclusión definitiva; sino, por el resultado final que obtendrán, siendo muy del agrado de todos los que allí nos desplazamos, enorgulleciéndonos sobremanera por su impresinonante calidad; sabedores de lo que, en un futuro no muy lejano, supondrán para la Semana Santa de nuestra querida ciudad de Jaén.
Y como no podía ser de otra forma, nuestra estancia en la ciudad, debía completarse con la Visita a la Comunidad de Hermanas MDM, donde la Delegada en España, la Hermana Aránzazu, nos recibió y atendió maravillosamente. Con ellas, pudimos compartir distendidamente, además de un suculento almuerzo, los avances y detalles de nuestro sencillo proyecto cofrade; así como, la labor social, misionera y formativa que gestionan nuestras Vocalías, sabedoras de nuestra valía y capacidad para preservar el carisma y espíritu de los fundadores y por el cual, gran parte del grupo humano que conformamos la Hermandad, nos embarcamos en dicha travesía.
Sirva esta foto que ilustra la entrada como testimonio histórico de un grupo de enfervorizados cristianos, apasionados por las enseñanzas y testimonios de Francisco Blanco Nájera y Madre Soledad de la Cruz y que, un buen día, sembraron las semillas de una Hermandad y que, en breve, recogeran los primeros frutos de la misma. Nuestro agradecimiento a toda la Congregación de Hermanas Misioneras del Divino Maestro por sus rezos, por su apoyo incondicional y por ese aliento humilde y siempre discreto que nos abraza y pellizca como brisa fresca matutina; envolviéndonos de la tan necesaria positividad y optimismo, para no desfallecer por los caminos curvilíneos y abruptos que, a veces, marca la divina providencia.
  

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